29 marzo 2011
por AlvaroFTM
Si sueles estar a la onda del mundo blogueril o los Trending Topics de Twitter seguramente ya hayas oído hablar de este tema que tuvo cierta repercusión tras la emisión de uno de los documentales más populares de los últimos meses, emitido en La 2 de TVE: Comprar, Tirar, Comprar.
Particularmente también he sufrido directamente este problema: hace años mi primera impresora decidió morir, modelo muy parecido al del documental: una Epson Stylus C44. Como desconocedor por entonces de tal obsolescencia programada volví a comprar otra de la misma marca que por ahora no ha dado error, tal vez Epson vio empañada su imagen y decidió eliminar de sus nuevos modelos el chip de la muerte.
Parece que tras las denuncias que sufrió Apple con las baterías de sus primeros iPods, la compañia también decidió eliminar su radical política de obsolescencia: Llevo más de un año con uno y la vida de la batería continúa sobrepasando las 20 horas como el primer día. En cambio, en la actualidad podemos ver otras medidas de obsolescencia adoptadas por la compañía de Steve Jobs como el prematuro abandono del iOS a sus primeros iPhones porque ya es hora de pasar otra vez por caja, o una reserva evidente de novedades muy solicitadas en su último iPod Touch (esa cámara de fotos que no llega al megapíxel) para presentarlas como novedades en su próxima versión, asegurándose más ventas.
Aunque si miramos a su competencia más directa, Microsoft, nos encontramos con la actual incompatibilidad en Windows XP de las últimas versiones de Internet Explorer y el paquete de Windows Live que incluye programas como Messenger o Movie Maker, cuando este SO, a pesar de su longevidad, sigue siendo usado por la mayoría de los usuarios.
En el ámbito social, la obsolescencia programada se encuentra muy arraigada y aceptada por la mayoría. Ésta se esconde tras la moda: ¿por qué he de renovar mi armario con nuevas prendas si las que tengo no están estropeadas? ¿Mi pantalón de pitillo ya no se lleva?
Nada escapa del espíritu consumista. A no ser por éste, tal vez estaríamos familiarizados con tecnologías que no veremos hasta dentro de unas décadas, que no se comercializan ahora porque interesa explotar poco a poco las ya desarrolladas hace años, aunque entonces, paradójicamente se crearía una nueva obsolescencia, no programada, y más radical.
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